Jorge Luis Borhes

ELEGIJA O NEMOGUCOJ PESMI

Sta ne bih dao za secanje
na prasnjav puteljak sa niskim ogradama
i visokog konjanika sto zoru ispunjava
(pohaban dugacki ponco)
jednog dana medju danima ravnice,
jednoga dana bez datuma.
Sta ne bih dao za secanje
na majku koja posmatra jutro
na estansiji Svete Irene
a ne zna da ce se zvati Borhes.
Sta ne bih dao za secanje
da sam se borio kod Sepede
i video Estanislaa del Kampa
kako pozdravlja prvi kursum
s radoscu hrabra coveka.
Sta ne bih dao za secanje
na kapiju skrivenog letnjikovca,
koju je moj otac svake veceri zatvarao
pre no sto bi se izgubio u snu
i koju je zatvorio poslednji put
cetrnaestog februara 38.
Sta ne bih dao za secanje
na Hengistove cunove
koji krecu sa pescanih obala Danske
da osvoje ostrvo
koje jos Engleska ne bese.
Sta ne bih dao za secanje
(imao sam ga i izgubio)
na jedno zlatasto Tarnerovo platno
siroko kao muzika.
Sta ne bih dao za secanje
da sam cuo Sokrata
kad je pred vece kukute
s vedrinom ispitivao problem
besmrtnosti,
naizmenicno navodeci mitove i razloge
dok se plava smrt penjala
iz vec studenih nogu.
Sta ne bih dao za secanje
da si rekla da me volis
i da nisam spavao do zore,
bestidan i srecan.

(Borhes, 1976)

YO JUDIO
Jorge Luis Borges

Revista Megáfono, 3, Nro. 12, pag. 60, Buenos Aires, Abril de 1934

Como los drusos, como la luna, como la muerte, como la semana que viene,
el pasado remoto es de aquellas cosas que pueden enriquecer la ignorancia.
Es infinitamente plástico y agradable, mucho mas servicial que el porvenir y mucho menos exigente de esfuerzos.
Es la estación famosa y predilecta de las mitologías.

¿Quien no jugó a los antepasados alguna vez, a las prehistorias de su carne y su sangre?
Yo lo hago muchas veces, y muchas no me disgusta pensarme judío.
Se trata de una hipótesis haragana, de una aventura sedentaria y frugal que a nadie perjudica,ni siquiera a la fama de Israel, ya que mi judaísmo era sin palabras, como las canciones de Mendelssohn.

Crisol, en su número del 30 de enero, ha querido halagar esa retrospectiva esperanza y habla de mi ''ascendencia judía maliciosamente ocultada'' (el participio y el adverbio me maravillan).

Borges Acevedo es mi nombre.
Ramos Mejia, en cierta nota del capítulo quinto de Rosas y su tiempo,
enumera los apellidos porteños de aquella fecha para demostrar que todos, o casi todos, "procedían de cepa hebreo portuguesa".
Acevedo figura en ese catálogo: único documento de mis pretensiones judías, hasta la confirmación de Crisol.

Sin embargo, el capitán Honorio Acevedo ha realizado investigaciones precisas que no puedo ignorar.
Ellas me indican el primer Acevedo que desembarcó en esta tierra, el catalán don Pedro de Acevedo, maestre de campo, ya poblador del "Pago de Arroyos'' en 1728, padre y antepasado de estancieros de esta provincia,
varón de quien informan los Anales del Rosario de Santa Fe y los documentos para la historia del Virreinato; abuelo, en fin, casi irreparablemente español.

Doscientos años y no doy con el israelita, doscientos años y el antepasado me elude.

Estadísticamente los hebreos eran de los mas reducidos.
¿Que pensaríamos de un hombre del año cuatro mil, que descubriera sanjuaninos por todos lados?
Nuestros inquisidores buscan hebreos, nunca fenicios, garamantas, escitas, babilonios, persas, egipcios, hunos, vándalos, ostrogodos, etíopes, dardanios, paflagonios, sarmatas, medos, otomanos, bereberes, britanos, libios, cíclopes y lapitas.

Las noches de Alejandría, de Babilonia, de Cartago, de Menfis, nunca pudieron engendrar un abuelo, sólo a las tribus del bituminoso Mar Muerto les fue deparado ese don.

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